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Diciembre 2005 [3]

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ITSASLUR, PASEO POBEÑA-KOBARON Costa minera: un ocre pasado... un presente en azules y verdes

Itinerario nº1 del libro CAMINANDO POR LOS MONTES DE HIERRO

Costa minera: un ocre pasado... un presente en azules y verdes

Nos adentraremos en un territorio que huele a hierro y salitre. La costa de la margen izquierda guarda reductos impresionantes en belleza y naturaleza que, a todas luces, merecen ser preservados.

Lástima que la falta de concienciación todavía está presente en muchos de sus rincones y las escombreras incontroladas hagan, demasiado a menudo, acto de presencia.

Itinerario

Playa de la Arena, Cercanías de las Marismas de Areño, Pobeña, Cargadero de mineral, Punta del Castillo, Calas de la Juncosa, Caseta Negra y el Aspra, Aparcamiento de Itsaslur, Playa de Aguadulce, Calas de la Cercada y el Rebombal, Túnel minero y el Bortón, Barrio de Kobaron, Aparcamiento de Itsaslur, Lavadero de Mineral de Campomar, Pobeña, Playa de la Arena

Reseñas de interés

Marismas de Areño y dunas de la Playa de La Arena, Parque de esparcimiento Itsaslur, Cargaderos de mineral (Kobaron). Lavadero de mineral de Campomar.

Zonas naturales a respetar y fomentar

Dunas de la Playa de la Arena y marismas de Areño, Pastizales y setos de Campomar, Acantilados y ecosistemas marítimo y costero de Itsaslur, Vegetación cercana a la Playa de Aguadulce

La omnipresente brisa marina nos da la bienvenida mientras cruzamos las dunas ocupadas por un área de esparcimiento provisto de mesas, columpios y fuentes.

Avanzamos teniendo especial cuidado en no pisar fuera de los senderos que "respetan" la vegetación reinante resguardada detrás de unas vallas paupérrimas. Un cartel de esos que, desgraciadamente, casi nadie suele hacer caso nos avisa de una seria sanción si cortamos las cañas y tamarises. No serían necesarias las multas si nos dieramos cuenta de la verdadera importancia de estos ecosistemas y de nuestra pertenencia a ellos.

A un lado queda la empresa dedicada a repartir combustible por la zona y que por estas fechas, felizmente, está procediendo al desmontaje de los primeros tanques. Sentimos una agradable sensación de esperanza al observar que parte de la destrozada marisma puede llegar a recuperarse en un futuro próximo, al mismo tiempo que nos recorre un cosquilleo receloso ante los proyectos que se puedan ceñir sobre el terreno robado a la mar.

Los pies se nos traban sobre la arena mezclada con restos del mineral que se lavaba en la cuenca del Barbadún y que, con el transcurso de las décadas, dieron un aspecto ocre y negruzco poco común al resto de las playas cercanas.

Paseamos entre las dunas sin pisar nada de su vegetación. Hay que tener en cuenta que son casi las únicas de toda la costa de Bizkaia junto con las playas de Laga y Plentzia/Gorliz, y merecen el cuidado y el respeto de todos/as, tanto por su vegetación como por su fauna, que vemos representada en un pequeño lagarto que huye de nuestros pasos dando la señal de alerta al resto de sus familiares.

En unos minutos nos topamos con la ría del Barbadún y las hermosas marismas de Areño y Pobeña donde destaca una amplia variedad de vegetación (1).

Al mismo tiempo contemplamos sobresaliendo entre la arena remozada en miñón unos grandes tochos de roca y cemento, restos de las sujeciones del tranvía aéreo que provenía desde la Orconera en La Arboleda (itinerario 18) y la escollera que existía en los aledaños de la desembocadura.

Los sorteamos accediendo al azulón puente metálico que Miguel González San Martín, escritor muskiztarra, apoda en su novela "Pobeñeses" como el "Golden Gate municipal". Vamos cruzándolo lentamente como el agua dulce se entremezcla con su hermana salada. Desde su promontorio rocoso la ermita de Nuestra Señora del Socorro, en la península de San Pantaleón (itinerario 2), nos saluda orgullosa protegida por sus fieles encinas.

En la desembocadura divisamos una pequeña caseta medio ruinosa. Allí se encontraban parte de las bombas de agua que abastecían al lavadero de mineral de Campomar que tendremos ocasión de contemplar en nuestro hermoso recorrido.

Una encina se deja acariciar al lado del antiguo hotel de Pobeña, actualmente residencia geriátrica. Enfrente vemos Pobeña, un tranquilo reducto de nuestra costa, lleno de cuadrillas y mesas al sol que detienen el tiempo.

Al costado de la residencia vemos dos flechas amarillas bajo un viejo plátano; nos acercan a 120 escaleras de hormigón construidas sobre los restos de un plano inclinado. La subida hará trabajar a nuestro corazón. No importa. La recompensa que nos espera bien merece un poco de esfuerzo. Unas decenas de metros de senda de hormigón nos ayudan a recuperarnos de la ascensión para disfrutar de una sorpresa hecha paisaje. La mezcla de azules marinos y marrones arenosos es impresionante jalonada por pequeños montes paralelos entre sí que parecen avalanzarse dispuestos a tomar un baño. Toda la escena se desarrolla bajo la atenta mirada de un olvidado Punta Lucero que nos enseña su ladera mejor conservada. En sus espaldas guarda el destrozo: sus entrañas convertidas en superpuerto.

Avanzamos por la pista hormigonada del parque de esparcimiento Itsaslur (2). El camino, tras unos cinco minutos de tranquila marcha se bifurca. Dejamos de lado la pista que sube decidiendonos por la que nos guía hasta el cargadero de mineral de la mina Mac Lennan (3) que revestido en óxido y murallones mineros ostenta el título honorífico de "guardián de la ensenada" con el permiso de las constantes envidiosas olas que intentan arrebatárselo.

Unas renovadas escaleras facilitan la bajada mientras nuestros sentidos aprovechan cada segundo de paisaje.

Hemos llegado a un lugar muy especial. Pocos sitios me acarician el corazón como éste. El olor a salitre, el increíble paisaje mezcla de olas al viento, la blanca espuma, una historia llena de hombres y mujeres con nombre y apellidos...

Mirando al extenso mar, en mi imaginación, un barco se acerca con sus bodegas ansiosas de mineral de hierro vizcaíno.

Nos despedimos con un hasta la próxima y volvemos sobre nuestros pasos. El último tramo de subida decidimos hacerlo por unos antiguos escalones al pie de un fuerte muro. Una plazoleta nos devuelve la respiración mientras nos informamos sobre la actividad minera gracias a un bonito panel de azulejo.

Proseguimos con la mirada puesta en la Punta del Castillo donde una pequeña caseta en ruina, en otros tiempos utilizada para controlar la costa, va cayéndose con el paso del tiempo.

Tomaremos la pista de hierba y mineral que baja a la derecha y nos conduce, entre senderos del ganado, a un camino sobre el acantilado. Nos acercamos a dicha Punta donde los acantilados se abren hacia los confines de Bizkaia. Las vistas son impresionantes y bien merecen unos segundos.

Reemprendemos la marcha. El prado se junta a la caída rocosa al avanzar por detrás de la caseta, en ligera subida. Aparece un marcado sendero junto a restos de jaulas y postes de extracción de algas. En unos segundos llegaremos a la pista principal y podemos ver otro cartel informativo sobre la extracción y uso de las "verduras marinas".

Bajo nuestros pies rompen las olas en el paraje conocido como el Aspra donde antiguamente vertía aguas enlodadas el lavadero de Campomar.

El camino pasa rápidamente ante la magia que nos apodera. Una fuente a la izquierda y unos bancos a modo de balcón nos invitan a visitar una cala accesible por un camino empinado pero sencillo. La valla se abre a una ancha senda herbosa que tras zigzaguear llega a la Juncosa, pequeña playa de cantos rodados donde suele haber buceadores. Entre esta cala y El Aspra aparece otro lugar conocido como Caseta Negra donde las olas parecen acariciarnos.

Volvemos al camino principal. Unos cien metros más adelante podemos contemplar otro panel de información sobre el Ecosistema de la costa.

Una curva entre murallones del antiguo ferrocarril nos separa del aparcamiento principal de Itsaslur donde podremos descansar e informarnos sobre la flora del litoral y la actividad agrícola de la zona.

En dicho parking vemos una pista que baja hacia los acantilados. Por su piso de mineral vamos dejando atrás las ruinas del lavadero de la mina Mac Lennan. Elegimos itinerario entre sendero o pista para llegar a cruzar un puente de hormigón desde donde atisbamos la playa de piedra de Aguadulce que recibe su nombre del arroyo que desemboca en su seno. En menos de cinco minutos nos encontramos en los cantos rodados mezclados con restos de desperdicios que nos bajan un poco la moral ante la dejadez de la gente.

Remontamos buscando la pista que discurre por la ladera contraria. Cerca de un remanso del riachuelo la encontramos entre rojos de mineral, argomas y carrizos de las pampas conocidos entre nosotros como plumas.

Vamos subiendo sin prisa en medio de un entorno que llama poderosamente la atención por la sensación de abandono mezclada con dosis de misterio.

Salimos a una carretera en bastante mal estado en las inmediaciones de la mina Josefa delante de otra llamada Caledonia. Las blancas viviendas destacan entre las construcciones medio durruidas. Tomamos dirección al mar. Unos metros más adelante pasamos al lado del último edificio, una tolva de carga totalmente tapada con ladrillos. Doscientos cincuenta metros más adelante nos acercarán a una valla de espino que da paso a un prado encima del acantilado. La traspasamos y bajamos hasta encontrar un sendero que conduce hasta las rocas. Enfrente aparece la Cercada, una cala que con marea baja nos permite cruzar a su peñón más saliente. A su derecha se encuentra el Pozo de Las Chicas por donde se puede acceder a Aguadulce siendo un poco habilidoso.

Volviendo a la pista principal, en tan solo cincuenta metros, llegaremos a una curva a la izquierda desde donde arranca un sendero entre zarzas que muere en un prado. Salvamos la entrada y nos movemos paralelos a la cerca para pisar lo menos posible la hierba que más tarde será alimento de los animales. El color rojizo de los helechos se confunde con el marrón oscuro de las rocas húmedas a merced del agua salada. Alcanzaremos la "cumbre" traspasando un alambre de espino. Las rocas se apoderan del suelo. Mientras avanzamos entre brezos nos damos cuenta de que las olas rompen junto a nosotros. Nos encontramos en Rebombal. Una ventana entre las rocas da visión directa al rompiente. No podemos pedir mucho más a este increíble lugar en terreno limítrofe de Cantabria y Bizkaia.

En los pastizales de nuestro frente asoma un caminillo que va remontando hacia un túnel que tradicionalmente está considerado como frontera aunque ésta se encuentra uno metros más atrás.

Subimos sin prisa, gozando del momento para pasar bajo una pedrera/escombrera. Avistamos un paso de madera que da acceso a la pista.

Una vez allí, el túnel nos enseña sus entrañas.

Lo atravesamos. Estamos en la zona de El Bortón. Podemos ver al fondo la destrozada Punta Lamie con una industria química que copa casi toda su extensión. También, algo antes de la ensenada y Playa de Ontón, se encontraba el cargadero del Piquillo del cual quedan restos de sus cimientos tras una galerna en los años 80.

Un poco más allá el de Saltacaballo. Corría el 23 de mayo de 1.944, en tiempos de la segunda guerra mundial, cuando un carguero alemán, el Baldur, se encontraba llenando sus bodegas de mineral de hierro y fue hundido por un torpedo de un submarino inglés. Parece película pero es realidad.

Volvemos los pasos hacia Kobaron, primer barrio de Bizkaia. Un kilómetro de paseo es suficiente para voler a pasear entre las casas y construcciones de la mina Josefa. Superamos un suave repecho y divisamos las viviendas de dicho nucleo minero. Llegados a la primera desviación de la carretera, vemos, entre vallas y cipreses, la depuradora de agua. Desde este punto podemos avistar, semitapados por unos viejos pinos, los dos hornos gemelos de calcinación de la mina Amalia-Vizcaína que vigilan desde su ubicación la entrada al parque de Itsaslur.

Desde este punto os proponemos dos posibilidades. Bien acercarnos a Kobaron y tomarnos un merecido descanso a la espera de un autobús o bien volver por Itsaslur a ver la ruinas del lavadero de Campomar.

Si nos decidimos por esta segunda posibilidad, nos acercaremos por la pista de hormigón al aparcamiento del parque, sorteando la vaguada de Aguadulce repleta de argomas y sauces.

Volveremos sobre nuestras huellas hasta llegar, después de la zona de recogida de Algas (Aspra), a un cruce de caminos. Escogeremos la pista que sube dejando el cargadero a la izquierda. En el punto más alto, antes de comenzar a bajar, cruzaremos una alambrada de espino. Las botas notarán la esponjosa hierba bajo las suelas. Nos dirigimos hacia los muros del lavadero que parecen víctimas de un bombardeo. Un sendero nos guía sorteando unas higueras, para llegar, en menos de cinco minutos, a los restos de dicha construcción: el lavadero de Campomar (4).

Un paseo bajo sus murallones nos bajaran un poco la moral. Tanto trabajo, tanta historia, reducida a escombros y olvido.

Decidimos proseguir en nuestro camino. En el punto más alto miramos hacia la playa que nos aparece entre las ramas de los eucaliptos. Un sendero bien pisado nos lleva, tras unas decenas de metros a un prado que parece abalanzarse contra el mar. Lo cruzamos en oblicuo salvando poco a poco su desnivel. Al fondo, otros eucaliptos nos esperan pacientes. La pista de hormigón del paseo de Itsaslur es accesible por numerosos sitios. Llegados a ella las escaleras que nos bajaran a Pobeña están a un paso. Podemos disfrutar de este rincón de nuestra margen izquierda (itinerario 2) o volver a la Playa al lugar donde habíamos iniciado el recorrido.

En un paseo, algo largo pero tranquilo, hemos disfrutado, salvando la playa de cantos rodados del Lastrón en la parte baja de Punta Lucero, toda la costa más o menos bien conservada de la margen izquierda. Nos ha quedado demostrado que merece un pequeño esfuerzo por parte de todos en su defensa y protección a pesar de que hemos sido conscientes de que es necesaria una mayor concienciación medioambiental de la población.

Accesos y transportes públicos

Los barrios de la Playa de La Arena, Pobeña y Kobaron están comunicados por líneas de Bizkaibus.

Tiempos aproximados

Aparcamiento Playa de la Arena – Puente de Pobeña 10 minutos

Pobeña – Cargadero de mineral 15 minutos

Cargadero – Punta del Castillo 8 minutos

Punta del Castillo – Aparcamiento 20 minutos

Aparcamiento – Aguadulce 5 minutos

Aguadulce - Rebombal – Túnel 25 minutos

Túnel – Depuradora de aguas 18 minutos

Depuradora de aguas – Kobaron 5 minutos

Depuradora de aguas – Itsaslur - Lavadero de Campomar 22 minutos

Lavadero – Puente de Pobeña 10 minutos

Pobeña – Playa de la Arena 10 minutos

Total Alrededor de 2 horas y media

(En estos tiempos no hemos tenido en cuenta las visitas a las calas La Juncosa y La Cercada. Cada una de ellas nos puede llevar sobre 10 ó 15 minutos entre subir y bajar).

(Se han calculado los horarios sin descansos)

Longitud aproximada del recorrido

Aparcamiento Playa de la Arena – Puente de Pobeña 500 metros

Pobeña – Cargadero de mineral 1.000 metros

Cargadero – Punta del Castillo 500 metros

Punta del Castillo – Aparcamiento 1.300 metros

Aparcamiento – Rebombal - Túnel 2.000 metros

Túnel – Depuradora de aguas 1.400 metros

Depuradora de aguas – Kobaron 300 metros

Depuradora de aguas – Itsaslur - Lavadero de Campomar 1.500 metros

Lavadero – Puente de Pobeña 450 metros

Pobeña – Aparcamiento Playa de la Arena 500 metros

Total aproximado 9.2 kilómetros

(Hasta Kobaron 7 kilómetros)

Agradecimientos

Especialmente a Manu Llamosas Rodríguez por su información.

Reseñas de interés

Marismas de Areño y dunas de la Playa de La Arena

No es nuestro objetivo realizar una catalogación de las diversas especies existentes en el estuario del Barbadún. Tan solo nos centraremos en decir que estamos ante un ecosistema que ha sufrido una regresión salvaje debido al impacto industrial que se ha encargado de destrozarlo en un 80% de su extensión.

La ría del Barbadún, está situada en el cuarto puesto por orden de importancia, tras Urdaibai en Gernika, Plentzia y Txingudi en la desembocadura del Bidasoa entre Hendaia y Hondarribia. Su valor ecológico está considerado como muy alto.

La zona se encuentra incluida dentro del "Catálogo de Espacios y Enclaves de Interés Naturalístico en la Comunidad Autónoma del País Vasco" el que propone nombrarla Reserva Natural y Área de Utilización múltiple.

Desde estas líneas lanzar la voz de alarma para su respeto, cuidado y fomento. La educación es especialmente importante en este caso encargándose de enseñar a observar y valorar un ecosistema que para su desarrollo y regeneración necesita de la colaboración de toda la ciudadanía y de las diferentes Administraciones.

Parque de esparcimiento Itsaslur

Entre Pobeña y Kobaron existe una zona de acantilados que fueron enclave privilegiado de la actividad minera. Hoy en día, gracias a una serie de infraestructuras, han sido preparados como zona de esparcimiento.

La zona minera de Kobaron contenía, en un radio de un par de kilómetros, minas a cielo abierto, lavaderos de mineral, hornos de calcinación, tranvías aéreos, ferrocarriles, destacando el cargadero de mineral en la punta del Castillo. Casi nada.

Por otro lado, el lugar no tiene desperdicio desde los puntos de vista ecológico y de la arqueología industrial, siendo un paraje en el cual la naturaleza está dando buena cuenta de las huellas humanas, entremezclándose con ellas y logrando un entorno especialmente hermoso.

Hagamos un poco de historia de este rincón de Bizkaia.

Hacia 1.860 surgen en su seno las primeras minas. Es el ingeniero escocés José Mac Lennan el que, al tomar posesión en el 71 de la mina "Amalia-Vizcaína", impulsa la explotación y comercialización del mineral. La mayor parte se dirigía a Durham (Inglaterra) siendo el cargadero de Kobaron su punto de partida.

Los Ibarra, propietarios de la mina Orconera, proyectaron un enorme lavadero (sus muros destacan en las campas de Campomar), que se surtía con mineral transportado en tranvía aéreo desde las cercanías de La Arboleda y de agua del mar por medio de potentes bombas situadas al lado de la ermita de Pobeña.

Tras el lavado, el agua enlodada se devolvía al mar Cantábrico con su carga de lodos y arcillas en el paraje de El Aspra.

Actualmente, Itsaslur, es un parque de esparcimiento que da la oportunidad de recorrer todo el borde de la costa más occidental de Bizkaia. Durante el agradable paseo diferentes paneles nos informan, de forma pedagógica y sencilla, sobre la fauna y flora de la zona, explotaciones e historia minera, recogida de algas para su venta y uso industrial...

Los paisajes que Itsaslur nos ofrece, mezcla de marrones, verdes y azules entre acantilados, vagonadas y montes, hacen del recorrido uno de los más recomendables, hermosos y sencillos de todo Bizkaia (recordar que el trazado es casi completamente llano).

Cargaderos de mineral. El Castillo de Kobaron.

Con el aumento de las extracciones de mineral, el cesto a los hombros de los trabajadores (frecuentemente mujeres) quedó obsoleto. La tecnología llegaba con cuentagotas pero daba paso a otras infraestructuras que posibilitaban cargar con más fiabilidad y premura los barcos que se encargaban de la exportación.

El mar Cantábrico se oponía bastante a estas operaciones: los navíos no podían acercarse demasiado a la costa por miedo a encallar, el calado debía ser suficiente y la bravura del oleaje complicaba las maniobras. Parecía todo en contra, pero cargar en el mar tenía razones a favor: el tiempo de espera era sensiblemente menor y, por consiguiente, era mucho más barato que en los cargaderos de la ría del Nervión.

El aumento de toneladas explotadas lleva a la instalación de cargaderos costeros apoyados normalmente en un pilón de sillería y con unos "brazos" metálicos que sobresalen sobre el mar. Claro ejemplo es el de Kobaron, en la punta del Castillo de Muskiz.

Esta infraestructura empezó a funcionar en 1.882 en las cercanías de un antiguo castillo que guardaba artillería de costa. Se encargaba de dar servicio a las minas Amalia-Vizcaína y Demasía de Complemento de José MacLennan y San Francisco de Carrascal, desde las que se llevaba el mineral mediante un pequeño ferrocarril por la conocida "Vía Chiquita".

Se mantuvo activo hasta 1.963. Su calado no era excesivo,(5.40 metros como mínimo) pero suponía suficiente profundidad para el amarre. No obstante, la cercanía de la playa y los cambios en el fondo arenoso hacían estar atentos a los responsables del cargadero.

El objetivo era llenar lo más rápidamente posible las bodegas de los barcos. Con tal fin se instalaron dos pisos de carga simultánea por medio de vagonetas impulsadas a mano que dieron paso, a principios del XX, al montaje de una cinta transportadora que, además de ahorrar trabajo físico, agilizaba las labores.

Otros cargaderos cercanos destacables son: El Piquillo de Ontón del que solo queda la base de sillería puesto que un temporal en los ochenta lo destrozó. El de Saltacaballo, muy importante por su gran calado que permitía buques de gran tonelaje. El de Dícido en Mioño, que aunque fue volado en la Guerra Civil, se levantó de nuevo tras la contienda y, por último, los de la vecina Castro Urdiales.

No quisieramos olvidarnos de los cargaderos de la ría puesto que resultaron más importantes tanto en cantidad de carga como en número.

Destacar los cinco de la Orconera o los tres de la Compañía franco-belga hechos en madera de pinotea creosotada (con un baño de un líquido basado en la destilación de madera y alquitrán que preserva de la putrefacción) y altamente resistente a las mareas y al agua del mar.

En los últimos años del siglo XIX había más de veinte en toda la ribera.

Lavaderos de mineral: Campomar de Kobaron

Cuando la extracción de minerales de calidad (vena y campanil) declina, se comienzan a explotar otros como el rubio y el carbonato. El primero, a menudo, viene mezclado con arcillas por lo cual se debe proceder a su lavado antes del transporte y venta.

Las chirtas (mezcla de mineral rubio y desechos), se almacenaban en las maseras o depósitos de mineral. Desde ellas se introducían en los trómeles por medio de mangueras de agua. Estos aparatos, los trómeles, al principio a vapor, y más adelante electrificados, giraban sobre rodillos dispuestos en su parte inferior. El mineral ascendía empujado por una hélices mientras que el agua, mezclada con tierras solubles (gangas) descendía en sentido contrario a causa a la inclinación del trómel. Los lodos y fangos se expulsaban por la boca de entrada y los menudos de mineral se recuperaban por la parte inversa hacia cintas transportadoras donde las manos de los operarios (normalmente mujeres) hacían una última entresaca y selección.

En 1.891 se instalaron los primeros lavaderos en la mina Marta de Triano y ocho años más tarde ya había diecisiete con medio centenar de trómeles instalados.

El cambio del reglamento sobre la normativa de lavados del año 1.900 prohibe el vertido directo de las aguas usadas a los ríos. De esta manera, se evita el enlodamiento de los cauces que hace imposible otras labores cotidianas como el lavado de la ropa. Para ello, se crean las balsas de decantación donde se va sedimentando el lodo salido del lavadero (itinerario 18).

En Campomar, en la parte alta de las campas situadas encima del cargadero de mineral, nos encontramos con un lavadero un tanto curioso porque utilizaba el agua del mar. Mediante una bombas, situadas en las cercanías de la ermita, conseguían el agua que tras cumplir su labor, era devuelta al mar con su sucia carga en el acantilado de El Aspra.

El sistema disponía de seis trómeles que la compañía Orconera utilizó hasta el año 1.945, después de 35 años de uso. El tranvía aéreo (itinerario 14), que provenía desde las cercanías de La Arboleda, surtía de mineral. Tras su lavado volvía a Putxeta. Una vez en el ferrocarril se dirigía a los cargaderos de la ría en Lutxana.

No eran pocos los inconvenientes de las aguas fangosas que subían con la marea hasta la playa de Pobeña. Contra dicha suciedad construyeron el muro de contención, hoy en día covertido en un agradable paseo, que bordea la "marisma" de Pobeña con una vía de escape para la desembocadura del arroyo Valles bajo la iglesia de San Nicolás de Bari.

Los medio derruidos muros del lavadero dan la idea del enorme trabajo que entre ellos se desarrolló. Estemos atentos porque las explotaciones forestales de crecimiento rápido y el olvido amenazan con acabar con uno de los últimos reductos de la memoria histórica de nuestra zona minera junto con el recuerdo de esos hombres y mujeres que, con sus doloridas y heladas manos, hicieron posible el desarrollo de nuestra tierra.

Por muskiz - 12 de Diciembre, 2005, 21:18, Categoría: General
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