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Diciembre 2005 [3]

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Artículos y anotaciones generales

Un ferrocarril de recuerdos hacia calizas y humedales en peligro

CAMINANDO POR LOS MONTES DE HIERRO

Itinerario nº14

 

Un ferrocarril de recuerdos mineros hacia calizas y humedales en peligro

 

Bosques de ribera enfrentados a planos inclinados. Zonas kársticas de puntiagudas calizas sobresaliendo sobre pozos de agua cargados de riqueza ambiental. Arroyos de dinámicas aguas que siguen horadando el duro mineral de hierro como antaño lo hicieron manos de hombres y mujeres que labraron nuestro mundo más cercano, hoy en día, dominado por la industria y el capital.

 

Itinerario

Muskiz, Kotorrio, Vía Galdames, Túnel del Sobaco, El Once, Los Castaños, Arroyo El Picón, Cueva de Los Churros, Mina y humedales de La Barga, Polígono industrial El Campillo, Mina de Bodovalle, Museo Minero de Gallarta

 

Reseñas de interés

La “Vía Galdames” y los ferrocarriles mineros, El Doctor Areilza, La última mina “Concha” y Gallarta antiguo, Museo Minero

 

Zonas a respetar y fomentar

Aledaños de la Vía Galdames en Kotorrio, cercanías del Túnel del Sobaco, entorno de los arroyos Picón y Tobas, humedales de La Barga

 

La estación de Renfe de Muskiz nos da la oportunidad de comenzar a andar por una zona humanizada pero con matices naturales de gran belleza. En el recorrido no daremos un paso que no haya sido dado, no veremos una piedra que no haya sido vista... Nos adentraremos en preciosos lugares que jamás hubieramos podido imaginar en un entorno tan destrozado, tan “tocado”, tan insultado por la historia que, además, pretende seguir siendo cruel con unos proyectos que hacen peligrar humedales de gran valor ambiental.

Nos dirigimos cuesta arriba, enfrente de la salida de la estación, bajo un pequeño parque con columpios que dejaremos a la derecha avanzando hacia los barrios de Gurugu y Memerea.

Arriba, en la montaña, bajo las laderas de La Rasa, destacan bosquecillos de frondosas y florecientes frutales a la sombra de inquietantes eucaliptos.

Cuando llevamos trescientos metros, un cruce nos dice que debemos continuar repecho arriba. Los cerezos y las huertas nos van saludando mientras observamos Fresnedo y sus hornos de calcinación en la vaguada del río Kotorrio.

Tras una fuerte ascensión, la pista llanea y Muskiz completo se nos abre. La vista nos baja un poco la moral entre tanto humo y fuego escapando por chimeneas de todas clases. Los sauces nos animan mientras un viejo barracón destaca bajo los imponentes contenedores que rompen de nuevo el equilibrio en las cercanías del pozo Gerente.

Decidimos proseguir sintiendo la tranquilidad de este lugar entre verdes pastizales insultantes de color.

Cuando llevamos algo más de un kilómetro encontraremos una casa y un garaje cortados por una pista de hormigón en fuerte pendiente. Se trata de la casa nº 62 que esgrime un lauburu con los nombres de Remancha/López. Nos desviamos abandonando el llano. Nos espera un subidón de algo más de trescientos metros entre preciosos prados y caseríos que nos llevará, despúes de un lavadero, hasta la esperada Vía Galdames que nos regalará un buen rato de llano.

Una vez en la vía, marchamos hacia la izquierda. Entre abedules, robles y sauces nos dirigimos hacia el cercano Túnel del Sobaco. Las rocas que aparecen al lado de la antigua Vía Galdames (1) parecen querer hablarnos de locomotoras, negros humos de carbón, de mineral y trabajo.

Llegamos al famoso túnel. La linterna no nos vendrá mal aunque es toda una experiencia cruzarlo sin luz. Tomando el centro y sin desviarnos nos internaremos en su inquietante oscuridad. Unos cuantos intensos pasos porque pronto veremos la boca del fondo que nos guiará sin problemas.

La luz nos rodea de nuevo a la vez que disfrutamos de un entorno precioso. El bosque húmedo, molestado por algún que otro eucalipto, aprovecha el frescor de la vaguada para vivir y mostrarse en toda su plenitud.

Pero vamos para adelante. Una descendente estrada de asfalto nos muestra la antigua escuela de Kotorrio, actualmente refugio y casa de convivencias. Los robles nos acompañan mientras, abajo, vemos la línea del tren junto a un par de túneles a la altura de Putxeta. Un muro amarillento nos acerca al paraje conocido como Olabarrieta, cruzado por dos arroyos, Tobas y Picón, encargados de abastecer al Kotorrio. Enfrente se alza el polígono industrial de El Campillo y a sus pies, como sustentándole, ruinas de explotaciones mineras mimetizadas parte integrante del paisaje, entre las argomas y la vegetación.

El agua se hace presente con su constante trajinar. Es el riachuelo Tobas engordado con aguas del Txikito un poco más arriba. Vamos a llegar a el Once, conocido con este nombre por ser dicho kilómetro de la vía. En este lugar había un nudo de enlace para cargar mineral. Al cruzar bajo los paredones que todavía quedan en pie podemos ver las vigas de madera e imaginarnos los mineros acarreando hierro en repletas vagonetas.

Cerca de este lugar nos encontramos con el área de esparcimiento de Los  Castaños precedida de unos cerezos adornados de preciosas flores blancas.

Al final del área de descanso tomaremos la última rampa asfaltada a la derecha. Dejamos unas viviendas y tomamos el ramal de la izquierda que pronto se convierte en una pista con dos claras rodadas. Los restos de un plano inclinado destacan en el paisaje sobre el arroyo Picón. Su pendiente es impresionante.

Según vamos avanzando el valle se abre en un pequeño pastizal. El lugar es de gran belleza mientras el agua se desliza entre lascas de piedra arenisca como queriendo escaparse del cauce. El sitio no tiene desperdicio. Parece mentira que podamos disfrutar de estos lugares tan cerca de otros tan degradados. La pista se empina endiabladamente convirtiéndose en hormigón. Dejamos la última vivienda del entorno, conocida como la casa del barranco, junto a un pozo situado en una pequeña cavidad bajo una pared de arenisca.

Nos internamos por la senda hacia la estrecha vaguada encima de el Picón. El arroyo se presenta con caídas de agua y pozas a nuestros pies. Una huerta al lado del camino nos despide por ahora de la civilización.
El agua está cada vez más cerca del camino. Un murallón, en otro tiempo presa, nos hace pisar parte del lecho. En esta zona podemos bajar a disfrutar del dinámico y joven río desde su mismo cauce. Todo un espectáculo.

Un poco más delante de los restos de la presa vadeamos para tomar un sendero que sube enfrente. También podemos optar por la pista en desuso que se nos presente llena de juncos. Algo más adelante se junta con dicha senda. Comenzamos a subir y pronto divisamos la casa del barranco y la huerta. La vegetación de ribera, avellanos y sauces principalmente, hacen de este reducto una verdadera maravilla.

Ascendemos por la pista muy húmeda por los continuos regatillos hasta alcanzar una bocamina inundada de donde proviene un manantial y que está cerrada con una valla que impide la entrada del ganado. Parece que se nos acaba el camino pero no es así. La manera más sencilla sería cruzar la valla de su lado pero los juncos, argomas y sauces hacen el paso imposible. Otro camino tradicional perdido. Hasta hace pocos años, operarios de los Ayuntamientos se encargaban de tenerlos abiertos y libres de zarzas. Hoy nadie realiza esta labor, que sumada al abandono de la ganadería por parte de los vecinos, y la creación de nuevos viales, hacen que caminos “de los de toda la vida” entre barrios se estén perdiendo para siempre.

Frente a la galería vemos un mojón de arenisca, parecido a otros que hemos visto en los alrededores. Nos preguntamos si antiguamente serían los encargados de marcar las propiedades. Salimos a una campa con gran inclinación. Un sendero nos guía a una cuadra cercana sin perder altura. En los alrededores de ella podemos observar un par de galerías más, una de ellas semitapada por un derrumbe. La pista llega a dicha cuadra nos sitúa detrás del polígono industrial del Campillo. Saltamos una valla verde por el mojón de su derecha teniendo especial cuidado con los pinchos de la barrera.

Unos cientos de metros de pista serán suficientes para encontrarnos la carretera que sube desde Gallarta hacia Las Calizas y Triano. La tomamos rampa arriba para darnos de bruces con la Cueva de los Churros que deja escapar destellos rojizos de mineral en sus dos bocas. Se trata de una gran piedra caliza excavada de gran belleza que nos comienza a entonar y a dar una ligera idea de lo que nos espera.

Bajo la cueva abandonamos el asfalto escogiendo una pista que se adentra directamente en el entorno conocido como La Barga. Os avisamos. Es un lugar de una belleza tan curiosa y humanizada que estaréis pensando en volver antes de iros.

Pero vayamos poco a poco. Lo bueno hace falta degustarlo con tranquilidad y eso es lo que vamos a hacer. La pista avanza junto a unas explotaciones ganaderas. A los cuatrocientos metros veremos un gran bloque de caliza en la vaguada. Todo a nuestro alrededor ha sido tocado. La hierba cubre los restos de las explotaciones mientras subimos por un repechón de hormigón. Unos cientos de metros más adelante se nos abre el horizonte. Serantes comienza a ordenar desde su altura al toparnos con una “granja” de pottokas.

Enfrente encontraremos una pista de piedra y mineral que arranca cerca de un mojón de los interesantes recorridos del Centro de Interpretación medioambiental de Peñas Negras (itinerario 15). Continuamos hasta llegar a un corte que nos muestra una laguna de agua rodeada de caballos y una garza real que intenta buscarse una presa. El humedal de La Barga bien merece unos minutos de observación en silencio. En las proximidades observamos el poste 20 de un recorrido de Peñas Negras.

Volvemos sobre nuestros pasos unos doscientos metros hacia el poste 19 de dicho recorrido. En sus alrededores sale un camino a la derecha que se adentra de lleno en un de esos lugares medio lunáticos que creó la minería. Las calizas del karst de La Barga se alzan entre vegetación. Son rugosas, roídas por el tiempo y la lluvia. Mientras vamos andando entre ellas aparecen pequeños humedales y charchas de agua de gran interés ecológico. Nos encontramos en uno de esos lugares amenazados por el desarrollismo donde el espectáculo está garantizado. Tan cerca y tan desconocido.

Comenzamos a descender hasta darnos de bruces con una pista de mineral. A su derecha desemboca sobre el Barranco Granada y las antiguas balsas de decantación de La Orconera, actualmente rellenas de basura y tierra.

Elegimos la izquierda que sube como con miedo, sin decisión. Pronto nos internaremos en otra parte del karst de gran belleza. Es un paseo totalmente preparado con información medioambiental y minera. Nos situamos encima de una pequeña presa, cerca del poste nº 16. Abajo intuimos la Concha de Bodovalle, el enorme agujero. Tomamos la pista que va bajando y que al momento pasa por otra recogida de aguas más pequeña. El entorno se abre.

Tomamos la pista que desciende directamente a pesar de que se interna en una cantera. Lastimosamente esta es la realidad y el día a día de la zona minera y de muchas partes de Bizkaia. Cruzamos la explotación por el mismo centro para desembocar en la rotonda de entrada al polígono industrial de El Campillo. Enfrente observamos el cerro Buenos Aires donde, imponente, sobresale El Preventorio y el espíritu del Doctor Areilza (2), impulsor de los hospitales mineros.

A lo lejos vemos el edificio del antiguo matadero de Gallarta adornado con una chimenea de ladrillo. Vamos bordeando la mina que se tragó a Gallarta (3) sobre los años 60 del siglo pasado por ser de los pocos lugares donde quedaba mineral. Eso es progreso. Se trata de un pueblo que nos acerca de una manera especial al pasado y presente minero.

La meta está cerca, el Museo minero (4) es ya una realidad gracias a un conjunto de personas a los que tenemos que agradecer que la minería y sus formas de existencia hayan quedado resguardadas para el futuro.

 

 

 

Accesos y transportes públicos

Tanto en Muskiz como en Gallarta existen estaciones de Renfe y paradas de Bizkaibus.

 

Tiempo dedicado

 

Muskiz-Vía Galdames                                                          25 minutos

Vía- Área de esparcimiento de El Castaño                       35 minutos

El Castaño- Cueva de los Churros                          35 minutos

Churros-Humedal de La Barga                                           20 minutos

Humedal – Rotonda El Campillo                                          20 minutos

Rotonda – Museo Minero                                                    10 minutos

 

Total                                                             Sobre 2 horas y media

(se han calculado los horarios sin descansos)

 

Longitud aproximada del recorrido

 

Muskiz-Vía Galdames                                                          1.650 metros

Vía- Área de esparcimiento de El Castaño                       2.700 metros

El Castaño- Cueva de los Churros                          2.000 metros

Churros-Humedal de La Barga                                           1.200 metros

Humedal – Rotonda El Campillo                                          1.400 metros

Rotonda – Museo Minero                                                    500 metros

 

Total                                                  Alrededor de 9 kilómetros y medio

 

 

 

Agradecimientos

A todos los integrantes de la Asociación Museo Minero, principalmente a Aitor Uriarte por su colaboración y amabilidad, porque sin ellos no hubiera sido posible guardar las formas de vida y el acerbo cultural de nuestra zona.

 


 

 

Reseñas de interés

 

La “Vía Galdames” y los ferrocarriles mineros

 

Nuestros pies pisan terreno que hasta hace solo unos años ha sido una de los ferrocarriles mineros más importantes, además de ser el más largo. Los sistemas tradicionales como las carretas tiradas por yuntas de bueyes o caballerías casi habían desaparecido para el año 1.900.

Uno de los culpables de tal desaparición fueron los numerosos ferrocarriles mineros que se adueñaron del paisaje entre nubarrones de contaminación y largas hileras de vagones repletos de hierro.

A pesar que los primeros datos son de 1.827 la cosa tiene algo de trampa. Sí, eran trenes de diez o doce vagonetas pero todavía se usaban animales para poderlas mover. A partir de la ley general de ferrocarriles de 1.855 se empezaron a construir estos viales con no pocas dificultades debido a lo escarpado del terreno. En solo uno de ellos se usó la vía ancha, fue el más importante en cantidad de toneladas transportadas: el de Triano perteneciente a la Diputación. La razón era sencilla. Todos los demás ferrocarriles, al ser de vía estrecha tenían que pagar por su uso.

Se inauguraron los primeros ocho kilómetros desde Ortuella a los muelles de Sestao en 1.865, pudiendo llevar, gracias a su 1.65 de ancho de vía, hasta cuarenta vagones de unos 7.000 kilos de carga. Veinticinco años más tarde, en el 90, se amplió hasta Muskiz alcanzando los 12.8 kilómetros y uniéndose en Desierto-Barakaldo con la línea Bilbao-Portugalete.

Por diversas razones entre las que destacan las económicas y el bajón minero comenzó su andadura como transporte de viajeros hasta la actualidad.

Entre los demás ferrocarriles destacaba el de Galdames construido por la Bilbao River Cantabrian Railway  Company Limited inaugurado en 1.876. Fue el más largo (22.408 metros) y constaba de seis túneles, destacando uno de 620 metros y en rampa. La Vía Galdames unía los cargaderos de La Benedicta en Sestao con el barrio de La Aceña. Cruzaba Sestao por medio de un túnel, su ancho de vía era de 1.14 y más de la mitad del trazado (55%) eran curvas. Gracias a él se crearon barrios como La Aceña, Ledo (encima de San Pedro), El Sauco en plenos Montes de Triano, o la Balastera. Su explotación terminó en 1.968 y se desmanteló en el 72, hace tan solo tres décadas.

Guarda ciertos lugares dignos de mención como las ruinas de un cargadero al pasar el barrio de La Balastera, o un lavadero de mineral tras un pequeño túnel. También, después de dejar atrás el merendero de Los Castaños, encontramos unas ruinas llamadas el Once que deben su nombre al kilómetro donde se encuentra y donde existía una terminal de la cadena que bajaba el mineral de las minas del Alta de Galdames.

Otros ferrocarriles mineros fueron el de la Orconera de los Ibarra Hnos. construido tras la segunda guerra carlista y que se metió de lleno en las montañas para lo que hubo que hacer muchas obras por lo accidentado del terreno. Tenía 13.8 kilómetros y necesitó de ocho túneles, siendo el más largo de 230 metros además de tres ramales al barranco Granada, a Gallarta y a Lutxana.

Otro fue el del Regato a cargo de La Luchana Mining Company de 12 kms. o el de la Franco-Belga de 7 kms. que iba desde Ortuella hasta Barakaldo.

También se construyeron otros ferrocarriles más pequeños como el de Kobaron y Ontón, Parkotxa, Setares, cargadero de Dícido y otros que como los que unían las minas de Sopuerta con Castro Urdiales, Castro con Traslaviña (Arcentales) o Castro con el poblado minero de Alén.

La conocida Vía Galdames representa un paseo acogedor, tranquilo, abierto a todas las edades debido a su falta de desnivel. Esperemos que proyectos como el de la realización de un bidegorri y un paseo hagan de nuestra ya maltrecha zona un poco más vivible y agradable.

 

El Doctor Areilza y los hospitales mineros

 

Desde el siglo I se sabe de la existencia del mineral de hierro tal y como lo describe el famoso historiador romano Plinio que describe una enorme montaña toda de hierro. Está demostrado que en el siglo II o III se produjo algún tipo de comercio en relación a este mineral entre los romanos y las personas que habitaban los Montes de Triano. También es de todos conocido que este tipo de extracción entrañaba sus peligros y sus accidentes, normalmente desprendimientos y hundimientos, que además de fracturas producían amputaciones y frecuentes muertes.

Habrá que esperar hasta el año 1.848 para que la Diputación de Bizkaia tome cartas en el asunto y piense en crear “algo” para hacer frente a esta lacra, aumentada por la falta de orden en las explotaciones.

Pasa el tiempo entre dimes y diretes hasta que en mayo de 1.880 nace la Asociación para los hospitales mineros con un capital de 75.000 pesetas.

Sin más demora, eligen una zona de Gallarta, el cerro de Buenos Aires, donde hacía pocos años el propio Carlos de Borbón había intentado dirigir lo que a la postre supuso su derrota en la 2ª Carlistada.

En dicho cerro se construye el primer hospital minero con 50 camas, a cargo después un concurso de méritos del célebre Enrique Areilza Arregui (Doctor Areilza) de tan solo 21 años y recién acabados sus estudios. Empieza a trabajar a finales de 1.880 demostrando su enorme vocación al separarse de su familia y de un entorno con unas condiciones de vida mucho más elevadas.

Pronto construye otro edificio de madera en las cercanías para enfermedades contagiosas (viruela, cólera, sarna ...u otras  originadas por las condiciones de vida, mala alimentación, falta de agua potable, nula higiene, hacinamiento, ausencia de recogida de basuras como la neumonía, pulmonía, bronquitis, colitis, disentería,...).

Pero la labor del Dr. Areilza no acaba en Gallarta. A este hospital le siguen en 1.895 los de El Cerco en Galdames y La Arboleda (conocido bajo el nombre de Matamoros) estratégicamente situados para el rápido traslado de los heridos. También en 1.921 funda el Sanatorio de Gorliz, preocupado principalmente por la tuberculosis infantil. En 1.930, cuatro años después de su muerte, se cierra definitivamente el hospital de Triano. El edificio se destina a otras actividades como vivienda de mineros, preventorio (sanatorio para la prevención de ciertas enfermedades) o centro de enseñanza.

 

La última mina: Bodovalle

           

A tan solo unos cuantos metros del Museo Minero podemos observar y acercarnos al pozo de Bodovalle de la mina Agruminsa que terminó por cerrar sus puertas en el año 1.993 finalizando, después de siglos y siglos de explotación, con la minería de hierro de la zona minera.

En dicho “agujero”, antes de ser excavado, estaba enclavado el casco viejo de Gallarta que fue demolido para la extracción del preciado mineral.

La última mina explotada en Bizkaia dejó decenas de kilómetros de galerías subterráneas.

La excavación fue realizada, en sus inicios, a cielo abierto. Las labores fueron horadando el terreno hasta dejar el embudo actual que profundiza hasta 40 metros por debajo del nivel del mar.

En un principio, las vetas se encontraban recubiertas por una capa de roca de 120 metros que una vez retirada dio paso a la propia extracción del mineral de hierro (carbonatos principalmente) por medio de bancos de unos 20 metros de altura perfectamente visibles.

 

 

Antigua Gallarta (Gallarreta)

 

Ya desde que desapareció el barrio de La Barga, a mediados del siglo XIX por las diferentes explotaciones mineras que se comenzaron en los terrenos que ocupaba, pareció establecerse el que todo valía por el capital. Y el capital en nuestra zona se llamaba hierro. La Barga pagó con el derribo de sus casas y la marcha de sus vecinos hacia Las Calizas o la propia Gallarta, el precio de estar construida sobre hierro.

Un tanto de lo mismo le ocurriría a la propia Gallarta unas décadas más adelante, en 1.960. El pueblo, ya datado en el siglo XV como Gallarreta, hubo de pagar un precio similar: casas, plaza, iglesia, ayuntamiento, frontón, escuelas, kiosco de música...

Todo fue derruido poco a poco a golpe de barreno y dinamita.

La población, no sin quejas y peleas, se fue desplazando, calle a calle, portal a portal según se acercaba la mina a sus casas o negocios, creando el Gallarta tal y como lo conocemos actualmente.

Cuando a finales de 1.983 se abandona la extracción de mineral (carbonato) a cielo abierto, Gallarta había pagado con su “traslado forzoso” el precio del enriquecimiento de unos pocos empresarios mineros.

El enorme agujero llenó los bolsillos de unos pocos pero dejo un vacío en muchos pobladores de este pueblo, minero por antonomasia, que abonó el precio de su desaparición a cambio de mineral.

 

 

Museo minero

 

El antiguo matadero municipal de Gallarta sirve de infraestructura para este museo. El año 1.986 se constituyó la asociación cultural Museo Minero cuyos objetivos principales se dirigían a servir de testigos y conservar la memoria histórica de la zona minera, encargarse del patrimonio minero, dar a conocer los modos y formas de vida del pasado y fomentar visitas culturales y trabajos didácticos.

Desde entonces, las personas que forman la Asociación intentan recuperar instrumentos, máquinas, documentos, fotografías, planos... con el deseo de salvaguardar lo que para Bizkaia supuso el despegue económico: el mineral de hierro.

Poco a poco han ido consiguiendo maquinaria, pinturas, aperos, fotografías... hasta conseguir un fondo de más de 10.000 objetos que representan una gran parte de los instrumentos que se usaban en las labores de extracción del hierro.

Desde 1.988 participa en exposiciones de minerales, fósiles y organiza certámenes culturales como Gallarminer.

Las puertas del este ecomuseo, que también persigue mantener los paisajes y entornos que generó la minería, se encuentran abiertas para poder respirar in situ la memoria de nuestros antepasados que a base de sudor hicieron de nuestra zona el motor impulsor de todo un país.

Más información: Teléfono 94.636.24.17

Correo electrónico: gorri@sinix.net

Página Web: www.sinix.net/paginas/museominero

 

 

 

Por muskiz - 13 de Diciembre, 2005, 15:09, Categoría: General
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ITSASLUR, PASEO POBEÑA-KOBARON Costa minera: un ocre pasado... un presente en azules y verdes

Itinerario nº1 del libro CAMINANDO POR LOS MONTES DE HIERRO

Costa minera: un ocre pasado... un presente en azules y verdes

Nos adentraremos en un territorio que huele a hierro y salitre. La costa de la margen izquierda guarda reductos impresionantes en belleza y naturaleza que, a todas luces, merecen ser preservados.

Lástima que la falta de concienciación todavía está presente en muchos de sus rincones y las escombreras incontroladas hagan, demasiado a menudo, acto de presencia.

Itinerario

Playa de la Arena, Cercanías de las Marismas de Areño, Pobeña, Cargadero de mineral, Punta del Castillo, Calas de la Juncosa, Caseta Negra y el Aspra, Aparcamiento de Itsaslur, Playa de Aguadulce, Calas de la Cercada y el Rebombal, Túnel minero y el Bortón, Barrio de Kobaron, Aparcamiento de Itsaslur, Lavadero de Mineral de Campomar, Pobeña, Playa de la Arena

Reseñas de interés

Marismas de Areño y dunas de la Playa de La Arena, Parque de esparcimiento Itsaslur, Cargaderos de mineral (Kobaron). Lavadero de mineral de Campomar.

Zonas naturales a respetar y fomentar

Dunas de la Playa de la Arena y marismas de Areño, Pastizales y setos de Campomar, Acantilados y ecosistemas marítimo y costero de Itsaslur, Vegetación cercana a la Playa de Aguadulce

La omnipresente brisa marina nos da la bienvenida mientras cruzamos las dunas ocupadas por un área de esparcimiento provisto de mesas, columpios y fuentes.

Avanzamos teniendo especial cuidado en no pisar fuera de los senderos que "respetan" la vegetación reinante resguardada detrás de unas vallas paupérrimas. Un cartel de esos que, desgraciadamente, casi nadie suele hacer caso nos avisa de una seria sanción si cortamos las cañas y tamarises. No serían necesarias las multas si nos dieramos cuenta de la verdadera importancia de estos ecosistemas y de nuestra pertenencia a ellos.

A un lado queda la empresa dedicada a repartir combustible por la zona y que por estas fechas, felizmente, está procediendo al desmontaje de los primeros tanques. Sentimos una agradable sensación de esperanza al observar que parte de la destrozada marisma puede llegar a recuperarse en un futuro próximo, al mismo tiempo que nos recorre un cosquilleo receloso ante los proyectos que se puedan ceñir sobre el terreno robado a la mar.

Los pies se nos traban sobre la arena mezclada con restos del mineral que se lavaba en la cuenca del Barbadún y que, con el transcurso de las décadas, dieron un aspecto ocre y negruzco poco común al resto de las playas cercanas.

Paseamos entre las dunas sin pisar nada de su vegetación. Hay que tener en cuenta que son casi las únicas de toda la costa de Bizkaia junto con las playas de Laga y Plentzia/Gorliz, y merecen el cuidado y el respeto de todos/as, tanto por su vegetación como por su fauna, que vemos representada en un pequeño lagarto que huye de nuestros pasos dando la señal de alerta al resto de sus familiares.

En unos minutos nos topamos con la ría del Barbadún y las hermosas marismas de Areño y Pobeña donde destaca una amplia variedad de vegetación (1).

Al mismo tiempo contemplamos sobresaliendo entre la arena remozada en miñón unos grandes tochos de roca y cemento, restos de las sujeciones del tranvía aéreo que provenía desde la Orconera en La Arboleda (itinerario 18) y la escollera que existía en los aledaños de la desembocadura.

Los sorteamos accediendo al azulón puente metálico que Miguel González San Martín, escritor muskiztarra, apoda en su novela "Pobeñeses" como el "Golden Gate municipal". Vamos cruzándolo lentamente como el agua dulce se entremezcla con su hermana salada. Desde su promontorio rocoso la ermita de Nuestra Señora del Socorro, en la península de San Pantaleón (itinerario 2), nos saluda orgullosa protegida por sus fieles encinas.

En la desembocadura divisamos una pequeña caseta medio ruinosa. Allí se encontraban parte de las bombas de agua que abastecían al lavadero de mineral de Campomar que tendremos ocasión de contemplar en nuestro hermoso recorrido.

Una encina se deja acariciar al lado del antiguo hotel de Pobeña, actualmente residencia geriátrica. Enfrente vemos Pobeña, un tranquilo reducto de nuestra costa, lleno de cuadrillas y mesas al sol que detienen el tiempo.

Al costado de la residencia vemos dos flechas amarillas bajo un viejo plátano; nos acercan a 120 escaleras de hormigón construidas sobre los restos de un plano inclinado. La subida hará trabajar a nuestro corazón. No importa. La recompensa que nos espera bien merece un poco de esfuerzo. Unas decenas de metros de senda de hormigón nos ayudan a recuperarnos de la ascensión para disfrutar de una sorpresa hecha paisaje. La mezcla de azules marinos y marrones arenosos es impresionante jalonada por pequeños montes paralelos entre sí que parecen avalanzarse dispuestos a tomar un baño. Toda la escena se desarrolla bajo la atenta mirada de un olvidado Punta Lucero que nos enseña su ladera mejor conservada. En sus espaldas guarda el destrozo: sus entrañas convertidas en superpuerto.

Avanzamos por la pista hormigonada del parque de esparcimiento Itsaslur (2). El camino, tras unos cinco minutos de tranquila marcha se bifurca. Dejamos de lado la pista que sube decidiendonos por la que nos guía hasta el cargadero de mineral de la mina Mac Lennan (3) que revestido en óxido y murallones mineros ostenta el título honorífico de "guardián de la ensenada" con el permiso de las constantes envidiosas olas que intentan arrebatárselo.

Unas renovadas escaleras facilitan la bajada mientras nuestros sentidos aprovechan cada segundo de paisaje.

Hemos llegado a un lugar muy especial. Pocos sitios me acarician el corazón como éste. El olor a salitre, el increíble paisaje mezcla de olas al viento, la blanca espuma, una historia llena de hombres y mujeres con nombre y apellidos...

Mirando al extenso mar, en mi imaginación, un barco se acerca con sus bodegas ansiosas de mineral de hierro vizcaíno.

Nos despedimos con un hasta la próxima y volvemos sobre nuestros pasos. El último tramo de subida decidimos hacerlo por unos antiguos escalones al pie de un fuerte muro. Una plazoleta nos devuelve la respiración mientras nos informamos sobre la actividad minera gracias a un bonito panel de azulejo.

Proseguimos con la mirada puesta en la Punta del Castillo donde una pequeña caseta en ruina, en otros tiempos utilizada para controlar la costa, va cayéndose con el paso del tiempo.

Tomaremos la pista de hierba y mineral que baja a la derecha y nos conduce, entre senderos del ganado, a un camino sobre el acantilado. Nos acercamos a dicha Punta donde los acantilados se abren hacia los confines de Bizkaia. Las vistas son impresionantes y bien merecen unos segundos.

Reemprendemos la marcha. El prado se junta a la caída rocosa al avanzar por detrás de la caseta, en ligera subida. Aparece un marcado sendero junto a restos de jaulas y postes de extracción de algas. En unos segundos llegaremos a la pista principal y podemos ver otro cartel informativo sobre la extracción y uso de las "verduras marinas".

Bajo nuestros pies rompen las olas en el paraje conocido como el Aspra donde antiguamente vertía aguas enlodadas el lavadero de Campomar.

El camino pasa rápidamente ante la magia que nos apodera. Una fuente a la izquierda y unos bancos a modo de balcón nos invitan a visitar una cala accesible por un camino empinado pero sencillo. La valla se abre a una ancha senda herbosa que tras zigzaguear llega a la Juncosa, pequeña playa de cantos rodados donde suele haber buceadores. Entre esta cala y El Aspra aparece otro lugar conocido como Caseta Negra donde las olas parecen acariciarnos.

Volvemos al camino principal. Unos cien metros más adelante podemos contemplar otro panel de información sobre el Ecosistema de la costa.

Una curva entre murallones del antiguo ferrocarril nos separa del aparcamiento principal de Itsaslur donde podremos descansar e informarnos sobre la flora del litoral y la actividad agrícola de la zona.

En dicho parking vemos una pista que baja hacia los acantilados. Por su piso de mineral vamos dejando atrás las ruinas del lavadero de la mina Mac Lennan. Elegimos itinerario entre sendero o pista para llegar a cruzar un puente de hormigón desde donde atisbamos la playa de piedra de Aguadulce que recibe su nombre del arroyo que desemboca en su seno. En menos de cinco minutos nos encontramos en los cantos rodados mezclados con restos de desperdicios que nos bajan un poco la moral ante la dejadez de la gente.

Remontamos buscando la pista que discurre por la ladera contraria. Cerca de un remanso del riachuelo la encontramos entre rojos de mineral, argomas y carrizos de las pampas conocidos entre nosotros como plumas.

Vamos subiendo sin prisa en medio de un entorno que llama poderosamente la atención por la sensación de abandono mezclada con dosis de misterio.

Salimos a una carretera en bastante mal estado en las inmediaciones de la mina Josefa delante de otra llamada Caledonia. Las blancas viviendas destacan entre las construcciones medio durruidas. Tomamos dirección al mar. Unos metros más adelante pasamos al lado del último edificio, una tolva de carga totalmente tapada con ladrillos. Doscientos cincuenta metros más adelante nos acercarán a una valla de espino que da paso a un prado encima del acantilado. La traspasamos y bajamos hasta encontrar un sendero que conduce hasta las rocas. Enfrente aparece la Cercada, una cala que con marea baja nos permite cruzar a su peñón más saliente. A su derecha se encuentra el Pozo de Las Chicas por donde se puede acceder a Aguadulce siendo un poco habilidoso.

Volviendo a la pista principal, en tan solo cincuenta metros, llegaremos a una curva a la izquierda desde donde arranca un sendero entre zarzas que muere en un prado. Salvamos la entrada y nos movemos paralelos a la cerca para pisar lo menos posible la hierba que más tarde será alimento de los animales. El color rojizo de los helechos se confunde con el marrón oscuro de las rocas húmedas a merced del agua salada. Alcanzaremos la "cumbre" traspasando un alambre de espino. Las rocas se apoderan del suelo. Mientras avanzamos entre brezos nos damos cuenta de que las olas rompen junto a nosotros. Nos encontramos en Rebombal. Una ventana entre las rocas da visión directa al rompiente. No podemos pedir mucho más a este increíble lugar en terreno limítrofe de Cantabria y Bizkaia.

En los pastizales de nuestro frente asoma un caminillo que va remontando hacia un túnel que tradicionalmente está considerado como frontera aunque ésta se encuentra uno metros más atrás.

Subimos sin prisa, gozando del momento para pasar bajo una pedrera/escombrera. Avistamos un paso de madera que da acceso a la pista.

Una vez allí, el túnel nos enseña sus entrañas.

Lo atravesamos. Estamos en la zona de El Bortón. Podemos ver al fondo la destrozada Punta Lamie con una industria química que copa casi toda su extensión. También, algo antes de la ensenada y Playa de Ontón, se encontraba el cargadero del Piquillo del cual quedan restos de sus cimientos tras una galerna en los años 80.

Un poco más allá el de Saltacaballo. Corría el 23 de mayo de 1.944, en tiempos de la segunda guerra mundial, cuando un carguero alemán, el Baldur, se encontraba llenando sus bodegas de mineral de hierro y fue hundido por un torpedo de un submarino inglés. Parece película pero es realidad.

Volvemos los pasos hacia Kobaron, primer barrio de Bizkaia. Un kilómetro de paseo es suficiente para voler a pasear entre las casas y construcciones de la mina Josefa. Superamos un suave repecho y divisamos las viviendas de dicho nucleo minero. Llegados a la primera desviación de la carretera, vemos, entre vallas y cipreses, la depuradora de agua. Desde este punto podemos avistar, semitapados por unos viejos pinos, los dos hornos gemelos de calcinación de la mina Amalia-Vizcaína que vigilan desde su ubicación la entrada al parque de Itsaslur.

Desde este punto os proponemos dos posibilidades. Bien acercarnos a Kobaron y tomarnos un merecido descanso a la espera de un autobús o bien volver por Itsaslur a ver la ruinas del lavadero de Campomar.

Si nos decidimos por esta segunda posibilidad, nos acercaremos por la pista de hormigón al aparcamiento del parque, sorteando la vaguada de Aguadulce repleta de argomas y sauces.

Volveremos sobre nuestras huellas hasta llegar, después de la zona de recogida de Algas (Aspra), a un cruce de caminos. Escogeremos la pista que sube dejando el cargadero a la izquierda. En el punto más alto, antes de comenzar a bajar, cruzaremos una alambrada de espino. Las botas notarán la esponjosa hierba bajo las suelas. Nos dirigimos hacia los muros del lavadero que parecen víctimas de un bombardeo. Un sendero nos guía sorteando unas higueras, para llegar, en menos de cinco minutos, a los restos de dicha construcción: el lavadero de Campomar (4).

Un paseo bajo sus murallones nos bajaran un poco la moral. Tanto trabajo, tanta historia, reducida a escombros y olvido.

Decidimos proseguir en nuestro camino. En el punto más alto miramos hacia la playa que nos aparece entre las ramas de los eucaliptos. Un sendero bien pisado nos lleva, tras unas decenas de metros a un prado que parece abalanzarse contra el mar. Lo cruzamos en oblicuo salvando poco a poco su desnivel. Al fondo, otros eucaliptos nos esperan pacientes. La pista de hormigón del paseo de Itsaslur es accesible por numerosos sitios. Llegados a ella las escaleras que nos bajaran a Pobeña están a un paso. Podemos disfrutar de este rincón de nuestra margen izquierda (itinerario 2) o volver a la Playa al lugar donde habíamos iniciado el recorrido.

En un paseo, algo largo pero tranquilo, hemos disfrutado, salvando la playa de cantos rodados del Lastrón en la parte baja de Punta Lucero, toda la costa más o menos bien conservada de la margen izquierda. Nos ha quedado demostrado que merece un pequeño esfuerzo por parte de todos en su defensa y protección a pesar de que hemos sido conscientes de que es necesaria una mayor concienciación medioambiental de la población.

Accesos y transportes públicos

Los barrios de la Playa de La Arena, Pobeña y Kobaron están comunicados por líneas de Bizkaibus.

Tiempos aproximados

Aparcamiento Playa de la Arena – Puente de Pobeña 10 minutos

Pobeña – Cargadero de mineral 15 minutos

Cargadero – Punta del Castillo 8 minutos

Punta del Castillo – Aparcamiento 20 minutos

Aparcamiento – Aguadulce 5 minutos

Aguadulce - Rebombal – Túnel 25 minutos

Túnel – Depuradora de aguas 18 minutos

Depuradora de aguas – Kobaron 5 minutos

Depuradora de aguas – Itsaslur - Lavadero de Campomar 22 minutos

Lavadero – Puente de Pobeña 10 minutos

Pobeña – Playa de la Arena 10 minutos

Total Alrededor de 2 horas y media

(En estos tiempos no hemos tenido en cuenta las visitas a las calas La Juncosa y La Cercada. Cada una de ellas nos puede llevar sobre 10 ó 15 minutos entre subir y bajar).

(Se han calculado los horarios sin descansos)

Longitud aproximada del recorrido

Aparcamiento Playa de la Arena – Puente de Pobeña 500 metros

Pobeña – Cargadero de mineral 1.000 metros

Cargadero – Punta del Castillo 500 metros

Punta del Castillo – Aparcamiento 1.300 metros

Aparcamiento – Rebombal - Túnel 2.000 metros

Túnel – Depuradora de aguas 1.400 metros

Depuradora de aguas – Kobaron 300 metros

Depuradora de aguas – Itsaslur - Lavadero de Campomar 1.500 metros

Lavadero – Puente de Pobeña 450 metros

Pobeña – Aparcamiento Playa de la Arena 500 metros

Total aproximado 9.2 kilómetros

(Hasta Kobaron 7 kilómetros)

Agradecimientos

Especialmente a Manu Llamosas Rodríguez por su información.

Reseñas de interés

Marismas de Areño y dunas de la Playa de La Arena

No es nuestro objetivo realizar una catalogación de las diversas especies existentes en el estuario del Barbadún. Tan solo nos centraremos en decir que estamos ante un ecosistema que ha sufrido una regresión salvaje debido al impacto industrial que se ha encargado de destrozarlo en un 80% de su extensión.

La ría del Barbadún, está situada en el cuarto puesto por orden de importancia, tras Urdaibai en Gernika, Plentzia y Txingudi en la desembocadura del Bidasoa entre Hendaia y Hondarribia. Su valor ecológico está considerado como muy alto.

La zona se encuentra incluida dentro del "Catálogo de Espacios y Enclaves de Interés Naturalístico en la Comunidad Autónoma del País Vasco" el que propone nombrarla Reserva Natural y Área de Utilización múltiple.

Desde estas líneas lanzar la voz de alarma para su respeto, cuidado y fomento. La educación es especialmente importante en este caso encargándose de enseñar a observar y valorar un ecosistema que para su desarrollo y regeneración necesita de la colaboración de toda la ciudadanía y de las diferentes Administraciones.

Parque de esparcimiento Itsaslur

Entre Pobeña y Kobaron existe una zona de acantilados que fueron enclave privilegiado de la actividad minera. Hoy en día, gracias a una serie de infraestructuras, han sido preparados como zona de esparcimiento.

La zona minera de Kobaron contenía, en un radio de un par de kilómetros, minas a cielo abierto, lavaderos de mineral, hornos de calcinación, tranvías aéreos, ferrocarriles, destacando el cargadero de mineral en la punta del Castillo. Casi nada.

Por otro lado, el lugar no tiene desperdicio desde los puntos de vista ecológico y de la arqueología industrial, siendo un paraje en el cual la naturaleza está dando buena cuenta de las huellas humanas, entremezclándose con ellas y logrando un entorno especialmente hermoso.

Hagamos un poco de historia de este rincón de Bizkaia.

Hacia 1.860 surgen en su seno las primeras minas. Es el ingeniero escocés José Mac Lennan el que, al tomar posesión en el 71 de la mina "Amalia-Vizcaína", impulsa la explotación y comercialización del mineral. La mayor parte se dirigía a Durham (Inglaterra) siendo el cargadero de Kobaron su punto de partida.

Los Ibarra, propietarios de la mina Orconera, proyectaron un enorme lavadero (sus muros destacan en las campas de Campomar), que se surtía con mineral transportado en tranvía aéreo desde las cercanías de La Arboleda y de agua del mar por medio de potentes bombas situadas al lado de la ermita de Pobeña.

Tras el lavado, el agua enlodada se devolvía al mar Cantábrico con su carga de lodos y arcillas en el paraje de El Aspra.

Actualmente, Itsaslur, es un parque de esparcimiento que da la oportunidad de recorrer todo el borde de la costa más occidental de Bizkaia. Durante el agradable paseo diferentes paneles nos informan, de forma pedagógica y sencilla, sobre la fauna y flora de la zona, explotaciones e historia minera, recogida de algas para su venta y uso industrial...

Los paisajes que Itsaslur nos ofrece, mezcla de marrones, verdes y azules entre acantilados, vagonadas y montes, hacen del recorrido uno de los más recomendables, hermosos y sencillos de todo Bizkaia (recordar que el trazado es casi completamente llano).

Cargaderos de mineral. El Castillo de Kobaron.

Con el aumento de las extracciones de mineral, el cesto a los hombros de los trabajadores (frecuentemente mujeres) quedó obsoleto. La tecnología llegaba con cuentagotas pero daba paso a otras infraestructuras que posibilitaban cargar con más fiabilidad y premura los barcos que se encargaban de la exportación.

El mar Cantábrico se oponía bastante a estas operaciones: los navíos no podían acercarse demasiado a la costa por miedo a encallar, el calado debía ser suficiente y la bravura del oleaje complicaba las maniobras. Parecía todo en contra, pero cargar en el mar tenía razones a favor: el tiempo de espera era sensiblemente menor y, por consiguiente, era mucho más barato que en los cargaderos de la ría del Nervión.

El aumento de toneladas explotadas lleva a la instalación de cargaderos costeros apoyados normalmente en un pilón de sillería y con unos "brazos" metálicos que sobresalen sobre el mar. Claro ejemplo es el de Kobaron, en la punta del Castillo de Muskiz.

Esta infraestructura empezó a funcionar en 1.882 en las cercanías de un antiguo castillo que guardaba artillería de costa. Se encargaba de dar servicio a las minas Amalia-Vizcaína y Demasía de Complemento de José MacLennan y San Francisco de Carrascal, desde las que se llevaba el mineral mediante un pequeño ferrocarril por la conocida "Vía Chiquita".

Se mantuvo activo hasta 1.963. Su calado no era excesivo,(5.40 metros como mínimo) pero suponía suficiente profundidad para el amarre. No obstante, la cercanía de la playa y los cambios en el fondo arenoso hacían estar atentos a los responsables del cargadero.

El objetivo era llenar lo más rápidamente posible las bodegas de los barcos. Con tal fin se instalaron dos pisos de carga simultánea por medio de vagonetas impulsadas a mano que dieron paso, a principios del XX, al montaje de una cinta transportadora que, además de ahorrar trabajo físico, agilizaba las labores.

Otros cargaderos cercanos destacables son: El Piquillo de Ontón del que solo queda la base de sillería puesto que un temporal en los ochenta lo destrozó. El de Saltacaballo, muy importante por su gran calado que permitía buques de gran tonelaje. El de Dícido en Mioño, que aunque fue volado en la Guerra Civil, se levantó de nuevo tras la contienda y, por último, los de la vecina Castro Urdiales.

No quisieramos olvidarnos de los cargaderos de la ría puesto que resultaron más importantes tanto en cantidad de carga como en número.

Destacar los cinco de la Orconera o los tres de la Compañía franco-belga hechos en madera de pinotea creosotada (con un baño de un líquido basado en la destilación de madera y alquitrán que preserva de la putrefacción) y altamente resistente a las mareas y al agua del mar.

En los últimos años del siglo XIX había más de veinte en toda la ribera.

Lavaderos de mineral: Campomar de Kobaron

Cuando la extracción de minerales de calidad (vena y campanil) declina, se comienzan a explotar otros como el rubio y el carbonato. El primero, a menudo, viene mezclado con arcillas por lo cual se debe proceder a su lavado antes del transporte y venta.

Las chirtas (mezcla de mineral rubio y desechos), se almacenaban en las maseras o depósitos de mineral. Desde ellas se introducían en los trómeles por medio de mangueras de agua. Estos aparatos, los trómeles, al principio a vapor, y más adelante electrificados, giraban sobre rodillos dispuestos en su parte inferior. El mineral ascendía empujado por una hélices mientras que el agua, mezclada con tierras solubles (gangas) descendía en sentido contrario a causa a la inclinación del trómel. Los lodos y fangos se expulsaban por la boca de entrada y los menudos de mineral se recuperaban por la parte inversa hacia cintas transportadoras donde las manos de los operarios (normalmente mujeres) hacían una última entresaca y selección.

En 1.891 se instalaron los primeros lavaderos en la mina Marta de Triano y ocho años más tarde ya había diecisiete con medio centenar de trómeles instalados.

El cambio del reglamento sobre la normativa de lavados del año 1.900 prohibe el vertido directo de las aguas usadas a los ríos. De esta manera, se evita el enlodamiento de los cauces que hace imposible otras labores cotidianas como el lavado de la ropa. Para ello, se crean las balsas de decantación donde se va sedimentando el lodo salido del lavadero (itinerario 18).

En Campomar, en la parte alta de las campas situadas encima del cargadero de mineral, nos encontramos con un lavadero un tanto curioso porque utilizaba el agua del mar. Mediante una bombas, situadas en las cercanías de la ermita, conseguían el agua que tras cumplir su labor, era devuelta al mar con su sucia carga en el acantilado de El Aspra.

El sistema disponía de seis trómeles que la compañía Orconera utilizó hasta el año 1.945, después de 35 años de uso. El tranvía aéreo (itinerario 14), que provenía desde las cercanías de La Arboleda, surtía de mineral. Tras su lavado volvía a Putxeta. Una vez en el ferrocarril se dirigía a los cargaderos de la ría en Lutxana.

No eran pocos los inconvenientes de las aguas fangosas que subían con la marea hasta la playa de Pobeña. Contra dicha suciedad construyeron el muro de contención, hoy en día covertido en un agradable paseo, que bordea la "marisma" de Pobeña con una vía de escape para la desembocadura del arroyo Valles bajo la iglesia de San Nicolás de Bari.

Los medio derruidos muros del lavadero dan la idea del enorme trabajo que entre ellos se desarrolló. Estemos atentos porque las explotaciones forestales de crecimiento rápido y el olvido amenazan con acabar con uno de los últimos reductos de la memoria histórica de nuestra zona minera junto con el recuerdo de esos hombres y mujeres que, con sus doloridas y heladas manos, hicieron posible el desarrollo de nuestra tierra.

Por muskiz - 12 de Diciembre, 2005, 21:18, Categoría: General
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Caminando por los montes de hierro

Hola amigos y amigas:

Os quiero presentar una publicación de la cual se han vendido casi 3.000 ejemplares a pesar de referirse a un entorno geográfico muy pequeño como son os pueblos y las montañas mineras de Bizkaia en torno a los Montes de Triano.

En un libro con más de 275 páginas, 140 ilustraciones a todo color, mapas de muy buena resolución y 16 rutas para conocer y acercarse a las zonas de arbolado (encinar, castaño, roble, fresno...) que todavía subsisten en nuestra zona. A parte de los diferentes paseos se hacen un total de 75 reseñas históricas que podemos ir visitando a la vez que damos una vuelta: personajes tan importantes como la Pasionaria, Antonio de Trueba, Lope García de Salazar... referencias sobre todos los artilugios utilizados para la extracción del hierro y posterior embarque... guerras carlistas... hallazgos prehistóricos en cuevas, dólmenes... lugares célebres de nuestra zona como la cueva de la Magdalena... 

El objetivo de la obra, además de conocer la zona minera de Bizkaia es poder adentrarnos en su historia de una manera sencilla y fiel. La publicación tiene detrás más de 100 libros de bibliografía y es fácil de leer.

Para más información os dejo mi móvil 639.901.824 Alberto 

Por muskiz - 7 de Diciembre, 2005, 13:25, Categoría: General
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